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Cloración salina: precio del equipo, la sal y el recambio

Lectura de 13 min · Actualizado el 10 de septiembre de 2026

El precio de la cloración salina en una piscina familiar de unos 50 m³ se mueve en una horquilla habitual de 900 a 1.800 € con el equipo instalado, y sube a entre 1.800 y 3.500 € cuando el vaso pasa de 90 m³ o se añade control automático de pH. Son cifras orientativas de mercado: el importe final depende de la producción de cloro que necesites, del nivel de automatismo y de lo complicado que sea el local técnico.

En esta guía verás qué hace realmente un clorador salino —que no es lo mismo que bañarse sin cloro—, cuánto cuesta el equipo según el volumen, qué te va a costar la sal cada año, cuánto dura la célula y qué vale cambiarla, y hasta dónde llega el ahorro frente al cloro de toda la vida. También los dos puntos donde se falla casi siempre: el pH y la compatibilidad con revestimientos y piezas metálicas.

Qué es la cloración salina y por qué no es agua sin cloro

La cloración salina no elimina el cloro: lo fabrica en casa. Se disuelve sal común en el agua, en torno a 4 o 5 gramos por litro, y una célula de electrólisis montada en el circuito de depuración rompe esa sal y libera cloro activo. Ese cloro desinfecta, se consume y vuelve a recomponerse en sal. El ciclo se repite mientras la bomba filtra.

Lo que cambia de verdad es que dejas de manipular producto. Se acabaron las pastillas, el granulado y el bote en el cuarto de la caldera. El agua resulta más suave porque la salinidad es baja, unas siete veces menor que la del mar, y huele menos a piscina pública porque se forman menos cloraminas. Pero cloro hay, y el agua sigue necesitando análisis.

Conviene tenerlo claro antes de pedir presupuesto, porque mucha gente compra un clorador salino convencida de que el mantenimiento desaparece. No desaparece: cambia de forma. Menos compra de químicos y menos manipulación, a cambio de vigilar el pH y el estado de la célula.

Cuánto cuesta el equipo según el volumen de la piscina

Un clorador salino se elige por producción, no por metros. La producción se mide en gramos de cloro por hora y una regla de dimensionado habitual es contar entre 0,25 y 0,35 gramos por hora y metro cúbico de agua. En zonas calurosas, con mucho uso o con la piscina a pleno sol, se tira del extremo alto: un equipo justo trabaja al 100% todo el día y se envejece antes de tiempo.

Sobre esa base, estas son horquillas orientativas de lo que se paga en el mercado español. Incluyen el equipo y una instalación normal en un local técnico accesible, sin obra ni línea eléctrica nueva.

El precio se mueve sobre todo por tres cosas: la producción, si el aparato integra regulación automática de pH y sonda redox, y la garantía que da el fabricante sobre la célula. La conectividad por aplicación móvil encarece y aporta poco si nadie va a mirarla; el control de pH, en cambio, sí se nota en la factura de mantenimiento.

Horquillas orientativas de precio de un equipo de cloración salina instalado en España, referencias de 2026. No son presupuestos cerrados.
Volumen de la piscinaProducción orientativaEquipo instaladoRecambio de célula
Hasta 40 m³ (vaso de 6×3 m)7 – 12 g/h700 – 1.400 €230 – 450 €
40 – 60 m³ (vaso de 8×4 m)12 – 18 g/h900 – 1.800 €280 – 550 €
60 – 90 m³ (vaso de 10×5 m)18 – 25 g/h1.200 – 2.400 €350 – 700 €
90 – 150 m³ (vaso grande o comunidad)25 – 40 g/h1.800 – 3.500 €500 – 900 €
Módulo de control de pH y redoxCualquier volumen300 – 1.200 € adicionalesSondas: 60 – 150 € cada 2 o 3 años

Qué entra en la instalación y qué se paga aparte

La célula se monta en la tubería de retorno, siempre después del filtro y de cualquier calentador, y el cuadro de control va en la pared del local técnico, protegido de la humedad. Hace falta una toma eléctrica con su diferencial y un tramo de tubería recto para que el flujo llegue limpio a la célula. En una caseta ventilada y con espacio, el montaje es cosa de media jornada.

La mano de obra suele moverse entre 150 y 450 €, dentro de las horquillas de la tabla anterior. Se dispara cuando el local técnico es una arqueta enterrada sin espacio, cuando hay que tirar línea eléctrica nueva desde el cuadro de la casa o cuando la instalación hidráulica es tan antigua que conviene rehacer el tramo entero antes de tocar nada.

Estos son los puntos que debe cubrir la instalación y que a veces aparecen como extras al final:

  • Célula, cuadro de control y detector de flujo o caudal que corte la producción si la bomba para.
  • By-pass en el retorno, para aislar y limpiar la célula sin dejar la piscina sin filtrar.
  • Línea eléctrica protegida con diferencial propio en el local técnico.
  • Puesta a tierra y conexión equipotencial de las partes metálicas del vaso.
  • Carga inicial de sal, que casi nunca viene incluida en el precio del equipo.

La sal: cuánta hace falta y cuánto cuesta al año

La carga inicial se calcula con la concentración que pida tu equipo, normalmente entre 4 y 5 kg de sal por metro cúbico. Para un vaso de 50 m³ eso son entre 200 y 250 kg, es decir, de ocho a diez sacos de 25 kg. Con la sal específica para piscinas entre 8 y 16 € el saco, la primera carga sale por una horquilla habitual de 70 a 160 €.

La sal no se gasta: se recicla en cada ciclo de electrólisis. Lo que hay es pérdida, y viene de los lavados del filtro, de los vaciados parciales, del agua que se lleva la gente al salir y de las lluvias que hacen desbordar el vaso. En una temporada normal se repone entre el 10 y el 20% de la carga, unos 30 a 70 € al año en una piscina familiar.

Usa sal específica de piscina o sal de alta pureza, sin antiaglomerantes ni yodo. La sal de deshielo y la sal de mesa yodada ensucian el agua y castigan la célula. Se echa con la bomba en marcha, repartida por el fondo y lejos del sumidero, y conviene esperar unas horas hasta que esté disuelta antes de encender el clorador.

Vida útil de la célula y precio del recambio

La célula es el consumible caro del sistema. Los fabricantes hablan de una vida útil de entre 4.000 y 10.000 horas de funcionamiento, que en uso doméstico se traduce en algo así como tres a siete temporadas. Es una horquilla amplia a propósito: dos piscinas idénticas con aguas distintas dan resultados muy distintos.

Lo que acorta la vida de una célula es siempre lo mismo: agua dura que deja cal en las placas, un pH descontrolado, temperaturas altas mantenidas y hacerla trabajar al máximo porque el equipo se eligió corto. La autolimpieza por inversión de polaridad ayuda mucho, pero no perdona un agua incrustante sin tratar ni las limpiezas a rasqueta, que arrancan el recubrimiento de las placas.

El recambio se mueve entre 230 y 900 € según modelo y producción, y casi siempre tiene que ser de la misma marca: no hay compatibilidad cruzada real. Por eso merece la pena preguntar el precio de la célula antes de decidir el equipo, y comprobar que el modelo lleva años en catálogo y no está a punto de descatalogarse.

El ahorro real frente al cloro tradicional

Aquí es donde conviene bajar las expectativas. En consumibles, el ahorro anual de la cloración salina existe pero es modesto, porque lo que te ahorras en cloro se te va en parte en sal, en minorador de pH —la electrólisis tiende a subirlo— y en la reserva que deberías apartar para la célula. La comparativa siguiente es orientativa, para un vaso de unos 50 m³ y una temporada de mayo a septiembre.

Con esos números, un equipo instalado por 1.200 € tarda muchos años en pagarse solo con el ahorro en producto, y en algunas piscinas no llega a pagarse nunca. Lo que compras de verdad es comodidad, agua más agradable en la piel y no depender de acordarte del clorador flotante cada semana.

La balanza mejora en piscinas grandes, en temporadas largas del sur y del levante peninsular y en comunidades de vecinos, donde el volumen de cloro que se maneja es alto y el coste de almacenar y manipular producto pesa. Nadie te puede garantizar una cifra de ahorro: depende del agua de llenado, del uso y de la disciplina con el pH.

Coste anual orientativo del tratamiento del agua en un vaso de unos 50 m³ con temporada de mayo a septiembre, referencias de 2026.
ConceptoCloración salinaCloro tradicional
Producto desinfectanteSal: 30 – 70 €Pastillas o granulado: 110 – 240 €
Corrección de pH40 – 90 €25 – 60 €
Algicida y floculante10 – 40 €30 – 70 €
Electricidad del equipo20 – 50 €No aplica
Reserva anual para la célula45 – 110 €No aplica
Total orientativo al año145 – 360 €165 – 370 €

El pH: el punto donde se cae la mayoría de instalaciones

La electrólisis tiene un efecto secundario conocido: empuja el pH hacia arriba. Y con el pH por encima de 7,6 pasan dos cosas malas a la vez. El cloro que produce la célula pierde buena parte de su poder desinfectante, así que el equipo trabaja más para conseguir menos, y el agua se vuelve incrustante y deja cal pegada en las placas.

Por eso casi toda instalación seria lleva bomba dosificadora de pH con sonda, un módulo de 300 a 700 € que se amortiza mejor que ningún otro accesorio del sistema. La sonda es un consumible: entre 60 y 150 € cada dos o tres años, más su calibración periódica. Sin regulación automática, la cloración salina obliga a corregir a mano con mucha más frecuencia que el cloro clásico.

El control redox, u ORP, va un paso más allá y ajusta la producción al cloro que realmente hay en el agua en cada momento. Cuesta entre 200 y 500 € más y ahorra sal, electricidad y desgaste de célula, sobre todo en piscinas con uso irregular. Como rango de trabajo, lo habitual es mantener el pH entre 7,2 y 7,6 y el cloro libre en valores bajos pero estables.

Si la piscina es de uso colectivo —comunidad, hotel, camping—, los parámetros del agua y los controles obligatorios los fijan la comunidad autónoma y el ayuntamiento, y varían de un territorio a otro. Comprueba siempre la norma que te aplica antes de dar por buena ninguna cifra.

Compatibilidad con revestimientos y elementos metálicos

Cinco gramos de sal por litro es poco comparado con el mar, pero sigue siendo agua salina y acelera la corrosión del acero inoxidable de baja calidad. Escaleras, barandillas, embellecedores de focos, tapas de sumidero y toda la tornillería sumergida deberían ser de acero AISI 316, no del 304 que se monta con frecuencia en piscinas de cloro. Si la piscina es antigua, revisa esas piezas antes de convertirla.

En revestimientos, el liner armado y el gresite conviven bien con la salina siempre que el pH esté controlado. Los que sufren son la piedra natural porosa, el mortero de la coronación y algunas maderas de la playa: las salpicaduras se evaporan, la sal cristaliza y aparecen eflorescencias blancas y desconchones. Sellar la piedra y baldear la playa con agua dulce de vez en cuando resuelve casi todo.

El tercer frente son las corrientes galvánicas. Con partes metálicas enterradas o próximas al vaso, una conexión equipotencial bien hecha y una toma de tierra correcta evitan que unas piezas se coman a otras. Y si tienes o vas a poner climatización, comprueba que el intercambiador de la bomba de calor sea de titanio: los de otros materiales no aguantan bien el agua salina.

Nada de esto descarta la cloración salina en una piscina existente, pero cambia el presupuesto. Es habitual que a la conversión haya que sumarle el cambio de una escalera, unos focos o el sellado de la coronación.

Qué debe detallar el presupuesto

Un presupuesto de cloración salina comparable con otro tiene que ir más allá de la marca y el precio. Sin estos datos no sabes lo que estás comparando, y las diferencias entre empresas se explican casi siempre por lo que unas incluyen y otras dejan fuera.

Pide que aparezcan por escrito los puntos siguientes y contrasta al menos tres ofertas de empresas de tu provincia:

  • Producción del equipo en gramos por hora y volumen de piscina para el que se dimensiona.
  • Si incluye regulación automática de pH, sonda redox o ninguna de las dos.
  • Precio de la célula de recambio y garantía expresada en horas de funcionamiento.
  • Si la carga inicial de sal va incluida y cuántos kilos son.
  • Trabajos eléctricos, by-pass y puesta a tierra o equipotencial.
  • Puesta en marcha, ajuste inicial de parámetros y explicación del manejo.
  • Servicio técnico en tu zona y coste de la revisión anual.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto cuesta poner cloración salina en una piscina de 8×4 metros?

Para un vaso de 8×4 m, que ronda los 50 m³, la horquilla habitual del equipo instalado va de 900 a 1.800 €, y sube hasta unos 2.500 € si añades control automático de pH y redox. A eso hay que sumarle la primera carga de sal, entre 70 y 160 €, que rara vez viene incluida.

¿La cloración salina es agua sin cloro?

No. El sistema fabrica cloro a partir de la sal disuelta en el agua, de forma continua y en dosis bajas. Lo que desaparece es la manipulación de producto químico y buena parte de las cloraminas, que son las responsables del olor y del picor de ojos. El agua desinfecta con cloro igualmente.

¿Cuánta sal hay que echar la primera vez?

Entre 4 y 5 kg por metro cúbico según lo que pida tu equipo, así que en una piscina de 50 m³ hablamos de 200 a 250 kg. Usa sal específica para piscinas, sin yodo ni antiaglomerantes, échala con la bomba en marcha y espera a que esté disuelta antes de arrancar el clorador.

¿Cuánto dura la célula de un clorador salino?

Los fabricantes hablan de 4.000 a 10.000 horas de funcionamiento, que en una piscina doméstica suelen ser entre tres y siete temporadas. Dura menos con aguas duras, con el pH descontrolado y cuando el equipo se eligió corto y trabaja siempre al máximo. El recambio va de 230 a 900 € según modelo.

¿La sal estropea el gresite, el liner o la piedra de la coronación?

El gresite y el liner aguantan bien si mantienes el pH en su sitio. Los que sufren son la piedra natural porosa, el mortero de coronación y la tornillería de acero de baja calidad, que conviene que sea AISI 316. Sellar la piedra y baldear la playa con agua dulce evita las eflorescencias.

¿Se deja funcionando el clorador salino en invierno?

No. Por debajo de unos 15 °C la producción cae y la célula se castiga, así que lo normal es parar el clorador durante el invernaje y tratar el agua con producto puntual. La sal se queda en el vaso: no hace falta vaciarlo ni recargarla en primavera salvo pérdidas grandes.

¿Compensa la cloración salina en una piscina pequeña?

En consumibles el ahorro es pequeño y la inversión tarda años en devolverse, así que en un vaso pequeño se justifica más por comodidad y por la calidad del baño que por dinero. En piscinas grandes, con temporada larga o de uso colectivo, la cuenta empieza a salir mucho antes.

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